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Claves para anticipar riesgos y fortalecer la estrategia digital de las empresas
La ciberseguridad en este 2026 vuelve a ocupar un lugar central en la agenda de las organizaciones. No porque sea una novedad, sino porque el entorno digital sigue cambiando más rápido de lo que muchas estrategias de seguridad logran adaptarse. Nuevas tecnologías, mayor automatización y modelos de ataque cada vez más flexibles y sofisticados están redefiniendo los riesgos que enfrentan las empresas, independientemente de su tamaño o sector.
Ese contexto también se refleja en la inversión en este ítem. Según Fortune Business Insights, el mercado global de ciberseguridad fue valorado en 218.980 millones de dólares en 2025 y se espera que para 2026 supere los 248.000 millones, con una proyección que podría alcanzar cerca de 700.000 millones en 2034.
En la actualidad, la ciberseguridad ha entrado en una etapa en la que la colaboración entre personas, procesos y tecnología resulta clave. Comprender cómo están evolucionando las amenazas y qué enfoques están adoptando las organizaciones es importante para tomar mejores decisiones. A continuación, repasamos siete tendencias de ciberseguridad que marcarán el 2026 y que ayudan a entender hacia dónde se dirige la protección digital en los próximos meses.

En 2026 veremos cómo la llamada IA agéntica –modelos que no solo generan contenido sino que pueden tomar decisiones y ejecutar tareas sin supervisión humana– transforma la forma en que se atacan y defienden los sistemas. Estos agentes pueden automatizar desde el reconocimiento hasta fases completas de un ciberataque, acelerando procesos que antes requerían mucho tiempo y habilidades especializadas.
El problema ocurre cuando estos agentes se implementan sin controles adecuados de seguridad, pues pueden compartir datos sensibles, actuar fuera de sus límites o ‘aprender’ comportamientos peligrosos sin supervisión humana efectiva, lo que introduce riesgos reales para la empresa.
Por eso, los expertos recomiendan tratar a estos agentes como identidades con permisos, monitoreo y restricción claros, en lugar de simples herramientas automáticas.
El ransomware no desaparece, pues sigue siendo una de las amenazas principales en 2026. Pero ya no se trata solo de cifrar datos y pedir rescate. Este año veremos que grupos criminales utilizan más a menudo modelos Ransomware-as-a-Service (RaaS) que permiten a incluso pequeños delincuentes lanzar ataques sofisticados a gran escala.
Además, la IA generativa empieza a formar parte de los pasos del ataque, generando mensajes de extorsión más convincentes o personalizando técnicas de ingeniería social en segundos. Las campañas también son más rápidas y difíciles de rastrear, y pueden incorporar nuevas fases de chantaje que usan información robada o contenido sintético incriminatorio para presionar a las víctimas.
El ransomware de 2026 combina inteligencia, automatización y extorsión ampliada, lo que hace que defenderse requiera tanto de tecnología como de procesos bien diseñados.
Las organizaciones están apoyándose cada vez más en tecnologías que observan cómo se comportan los usuarios y los dispositivos, no solo en qué recursos acceden. Esto significa que, en lugar de confiar solo en reglas o firmas estáticas, se analiza el patrón de uso (qué hace cada usuario o sistema normalmente).
Así mismo, la detección se orienta a señales de comportamiento anómalo. Por ejemplo, una cuenta que de pronto accede a muchos sistemas sin previo aviso, o un dispositivo que se comunica de forma extraña.
Estas capacidades ayudan a distinguir actividad legítima de actividad automatizada o maliciosa, incluso si un atacante ha obtenido credenciales válidas. Es decir, se deja de buscar ‘fuegos conocidos’ y se empieza a observar lo que no tiene sentido para ese contexto.
Una de las claves para 2026 es dejar atrás el enfoque de ‘evaluar vulnerabilidades de vez en cuando’ y pasar a una visión continua de los riesgos reales a los que está expuesta la empresa.
Este enfoque, llamado Continuous Threat Exposure Management (CTEM), implica revisar constantemente todos los activos digitales y físicos de una organización, evaluar qué tan expuestos están y cuáles son realmente explotables y priorizar acciones que reduzcan los riesgos significativos en tiempo real, no después de auditorías programadas. Según la firma de investigación Gartner, las empresas que inviertan en este tipo de gestión serán hasta tres veces menos propensas a sufrir una violación grave.
Las amenazas modernas ya no vienen solo de ubicaciones o dispositivos, sino de identidades, incluso de identidades no humanas, como cuentas de servicio o agentes automatizados.
Esto lleva a que la seguridad priorice cada vez más verificar siempre quién está accediendo a los recursos, incluso si está dentro de la red corporativa. También a implementar modelos como Zero Trust, donde se verifica la identidad y el contexto con cada solicitud de acceso, en lugar de confiar solo en el perímetro.
En 2026, la inteligencia artificial no solo potencia los ataques, también se convierte en una aliada clave para los equipos de seguridad. Ante un volumen de amenazas cada vez mayor y más difícil de manejar manualmente, muchas organizaciones están incorporando IA para analizar grandes cantidades de datos en tiempo real y detectar comportamientos sospechosos mucho antes de que se conviertan en incidentes graves.
Esta automatización permite que los sistemas identifiquen patrones, correlacionen alertas y ejecuten respuestas iniciales de forma casi inmediata, reduciendo significativamente los tiempos de detección y reacción. En la práctica, esto ayuda a que los equipos humanos no se vean desbordados por alertas constantes y puedan enfocarse en los incidentes que realmente representan un riesgo crítico para el negocio.
Además, el uso de IA en los centros de operaciones de seguridad (SOC) facilita una defensa más proactiva, capaz de anticipar posibles ataques a partir de comportamientos previos, en lugar de limitarse a reaccionar cuando el daño ya está hecho. En un entorno donde los ataques pueden suceder en cuestión de minutos, esta capacidad marca una diferencia real.
Los ciberataques han dejado de ser lineales y predecibles. Los atacantes ya no dependen únicamente de técnicas tradicionales o de un solo tipo de malware, sino que combinan múltiples métodos y ajustan sus estrategias en tiempo real para evadir los controles de seguridad.
Hoy es común ver amenazas que cambian su comportamiento constantemente, se adaptan al entorno que atacan o aprovechan nuevas superficies de ataque, como sistemas basados en inteligencia artificial, aplicaciones en la nube o dispositivos conectados. Esto hace que las defensas basadas solo en reglas estáticas o firmas conocidas resulten insuficientes.
Frente a este escenario, las organizaciones necesitan enfoques de seguridad más flexibles, que sean capaces de adaptarse al contexto y entender el comportamiento de los sistemas, no solo detectar amenazas conocidas. La clave está en asumir que el ataque puede venir desde cualquier punto y en cualquier momento, y que la defensa debe evolucionar al mismo ritmo que lo hacen las amenazas.
Hoy, sigue existiendo una conversación recurrente alrededor del llamado ‘error humano’. La capacitación y la concientización continúan siendo fundamentales, porque representan la primera línea de defensa frente a muchos ataques cotidianos, pero hoy ya no son suficientes por sí solas.
Como señalan distintos análisis del sector, los ataques actuales operan a una velocidad y con un nivel de automatización que hace cada vez más difícil para las personas identificar amenazas en tiempo real. Por eso, fortalecer las capacidades humanas sigue siendo tan importante como invertir en nuevas tecnologías. No se trata de reemplazar al humano, sino de asumir sus límites y diseñar sistemas que lo respalden, en lugar de dejarlo solo frente al riesgo.
Tendencias en ciberseguridad 2026: IA ofensiva, el retorno del ransomware y la nueva era regulatoria
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